domingo, 27 de febrero de 2011

Lazos de sangre (Winter's Bone, 2010) de Debra Granik


Una de las producciones nominadas al Oscar de espíritu más “independiente” -filmada con medios limitados, por una realizadora aún poco conocida y sin ninguna estrella visible- es este drama articulado a partir de una premisa eficaz: Ree (Jennifer Lawrence) es una adolescente que cuida, a duras penas, de su madre enferma y sus dos hermanos pequeños, hasta que un policía le informa que deberá abandonar la cabaña familiar, si es que el padre -quien había dejado la casa como garantía en un proceso judicial- no se presenta ante las autoridades.

Así empieza la odisea de quien no solo debe soportar el aprendizaje que el oscuro camino de su padre le presenta, sino, también, de quien lucha por conservar el último reducto de dignidad que le queda. A pesar de tratarse de una historia terrible, y de tocar el lado más siniestro y menesteroso de EEUU, la directora Debra Granik opta por una mirada serena, conserva una prudente distancia a la hora de filmar las escenas más cruentas o sensibles, y hace un uso extraordinario de la elipsis narrativa, de forma que, lejos de explotar la violencia, esta queda sugerida y parece amenazar, en todo momento, la vida de la protagonista. 

Con muy poco efectismo y extraordinarias actuaciones -mención especial para Lawrence, y John Hawkes como el hermano del padre desaparecido-, el mundo agreste e “infernal” del Sur vuelve a ofrecer un fascinante registro, esta vez rigurosamente invernal y exento de alientos líricos. Un realismo cinematográfico que los grandes estudios se resisten a cultivar, y que la Academia ha hecho bien en apreciar.(versión modificada del texto publicado en Somos, 26/02/2010)