domingo, 13 de febrero de 2011

Imparable (2010) de Tony Scott


¿Qué sucede cuando un tren de carga se descontrola por el descuido de un operario despistado? A Tony Scott le basta esta sencilla anécdota para elevar el thriller de acción a una categoría superior. Celebrada, incluso, por los críticos más severos del director, Imparable rechaza la abundancia de efectos especiales y las explosiones reiteradas.

Y es que los héroes de Scott no son fortachones glamorosos de proezas fantásticas, sino representantes de la clase trabajadora que, de pronto, tienen que afrontar la posibilidad de arriesgarlo todo -incluso, enfrentándose a las órdenes de las más altas esferas del poder, a los intereses económicos de las clases dirigentes. Aquí, Will (Chris Pine), llega para reemplazar a Frank (Denzel Washington) -en medio de una política de despidos que es parte de la crisis actual-, pero debe aprender de él, y poner a prueba una resistencia más psicológica que física.

La dinámica de montaje logra un magnífico paralelo de ámbitos cotidianos -la familia de los protagonistas; otro tren atiborrado de niños; la tribulación de la jefa (Rosario Dawson) del sistema ferroviario- en función del trayecto de ese monstruo lleno de químicos letales que, como se ha dicho con certeza, parece una bestia desbocada y con vida propia. También es de destacar una observación a distancia que privilegia, de forma realista y épica, la fragilidad del hombre frente a su invención. Roger Ebert ha citado a la mítica El maquinista de La General, de Buster Keaton, para hablar de este filme como de otra cúspide de la lucha entre el hombre, la máquina y el movimiento. Totalmente de acuerdo. (Somos, 5/02/2011)