miércoles, 29 de diciembre de 2010

Hipnosis mortal (2003) de Chan Wook Park


Hipnosis mortal (Oldboy es su título original), quinto largometraje de Chan Wook Park, cuenta la historia de un hombre, Oh Dae Su (Mink Sik Choi), que sufre un cruel encierro, en un pequeño departamento, durante quince años. Al conseguir su libertad, nuestro héroe decide buscar a su misterioso captor y, por fin, vengarse. Pero lo que Dae Su no sabe es que, mientras estuvo secuestrado, fue víctima de una hipnosis de consecuencias insospechadas.   

El director de Joint Security Area adopta el punto de vista alucinado del protagonista. En consonancia, la narración está hecha de cortes y elipsis desconcertantes. Cada secuencia aparece como si despertáramos de un sueño. O, más bien, de una pesadilla, una no exenta de un humor negro y una violencia estilizada que a veces -gracias a Beethoven o Vivaldi- recuerda lo mejor de La naranja mecánica de Kubrick.

Pero la esencia de Hipnosis mortal está en otra parte. En primer lugar, la coreografía de las peleas, los alardes histriónicos del cuerpo (como cuando Dae-su se humilla y hace de perro), expresan una fuerza y un desgaste, un éxtasis agónico, una férrea resistencia de la vida. De allí, el dramatismo, entre patético y celebratorio, de la cinta, donde resuenan los influjos del primer Godard.

Estamos ante un cine que no es ni fantástico ni realista. Los efectos de la amnesia llegan hasta la pantalla, y el cine se hace más "mental" que nunca: por eso el carácter artificial de las imágenes, la sensación de deja-vu, la posición estatuaria que a veces adoptan los personajes, las visiones delirantes de principio a fin. La profundidad de campo, y los colores fuertes, filtrados por una embriagante nocturnidad, contribuyen a eso. 


Se trata de una técnica que también hace efectiva la verdadera obsesión de Hipnosis mortal: el tiempo, esa dimensión absoluta en la que estamos inmersos. Park entreteje el presente con el pasado de un modo magistral, para ponernos frente al olvido y la rememoración, y para decirnos que los hombres son, virtualmente, todo su pasado, que ya estamos en el pasado.

¿Cuántas vidas vive Oh Dae Su, el old boy de la cinta? El es, aunque lo ignore en un inicio, muchos a la vez. No solo es el inocente que pasó años prisionero. También es el voyeur adolescente que causó una enorme desgracia sin saberlo. Y, gracias a la hipnosis, su enemigo (Ji Tae Yu) hará lo más cruel: que Oh Dae Su sea el padre que se sabrá incestuoso. 

Pero, ¿cómo soportar ese saber que vendrá, ese despertar de la amnesia? La respuesta de Wook Park es simple: siendo el que, a pesar de todo, soporta el dolor, el que soporta el frío inclemente de los años, aunque sea con la sonrisa del que ha visto el infierno. Porque este es, también, el tiempo como agonía, como cárcel. Y, frente a él, Dae Su es el héroe de la vida -por contraposición a su  rival: el demiurgo corroído por el resentimiento y destinado a dos cosas, dar sufrimiento y darse la muerte.

¿Por dónde pasa el alma del cine? Es la pregunta que nos hacemos de vez en cuando los amantes de las imágenes en movimiento. Y son pocas las películas que están ahí como repuestas, como constataciones de que un cine por venir finalmente ha llegado. Hipnosis mortal es eso: las puertas del futuro están abiertas.  (Somos 21/10/2006)