lunes, 2 de mayo de 2011

Río (2011) de Carlos Saldanha


Blu, un guacamayo bebé, es raptado por contrabandistas de Brasil y vendido en EEUU. Luego de ser adoptado por una muchacha de la invernal Minessota, ambos viajan a Río de Janeiro a instancias de un científico que ha reconocido, en el ave, al último macho de su especie. Así empieza una  aventura donde el realizador Carlos Saldanha (La era del hielo 2 y 3), nacido en Brasil, ha tenido el talento para dar vida a un universo barroco y elegante, un espectáculo plástico refinado y que recupera cierta frescura e inocencia “retro” en sus personajes. 

Lejos de una visión turística extranjerizante y rígida, Saldanha ha sido capaz de recrear una ciudad típica que se siente como propia, con el poder fabulador y el espíritu de quien la conoce de primera mano, con sus abismos geográficos y sociales, y, sobre todo, con poder de ensoñación. Y es cierto, más que una película que pone el foco en la acción -como puede ser La era del hielo-, Río se propone como un musical -en sus mejores momentos, de evidentes influjos clásicos-, aprovechando una gama enorme de colores, además de la bossa nova, el hip hop, el jazz, y la samba. No falta, tampoco, el romance, y un sutil sentimiento de marginación -a partir de la incapacidad de volar del joven papagayo. Sin tener la hondura filosófica y dramática de las películas de los estudios Pixar, Blue Sky Studios consolida una animación más rocambolesca y humorística: Río puede ser uno de sus títulos más afortunados.(versión modificada del texto publicado en Somos 30/04/2011)