martes, 31 de mayo de 2011

Gángster americano (American Gangster, 2007) de Ridley Scott


No suele ser fácil salir airoso del encuentro con los géneros clásicos. Hay que ser un verdadero artista para recrear tópicos tan arraigados en Hollywood y la cultura de los EEUU. Pero quizá se trata, también, de tener la maestría de Ridley Scott para realizar un filme como Gángster americano, que creemos ocupará sin problemas un lugar bien ganado en la historia del cine de gángsters y en la propia filmografía del director.

El guión de Steven Zaillian (La lista de Schindler, Pandillas de Nueva York)  recrea la historia real de Frank Lucas (Denzel Washington), líder de color del hampa  que, por su visión empresarial de vanguardia, convirtió, en los setentas, el crimen organizado y el comercio de drogas de Nueva York en un imperio que llegó a ensombrecer a la mafia italoamericana.

La película presenta el nacimiento, esplendor, y decadencia de la era Lucas, de acuerdo al planteamiento usual en este tipo de filmes. Una puntillosa recreación de época; la tensión contenida en cada diálogo; una violencia explosiva seca y cortante; más el delineamiento empático y mitificante del antihéroe discreto, ambicioso y orgulloso, hacen recordar más a El Padrino (1972) que a Buenos muchachos (1990) o  la Caracortada (1983) de Brian de Palma

Sin embargo, si esta es una cinta muy personal se debe a que es otra variación del tema del duelo, ese motivo que obsesiona a Scott desde su primer largo, y del que se pueden sacar insospechadas profundidades. Y por eso es que en este caso, como en ninguna otra película de gángsters, el montaje alterna la historia de Lucas con la del detective Richie Roberts (Russell Crowe).

Así como la teniente Ripley lo era en relación al extraterrestre de Alien (1979), el detective Roberts representa un estado ontológico opuesto al de Lucas, pero, a la vez, tan excepcional como él. Y, como sucede con la Clarice Starling y el serial killer de Hannibal (2001), o el Dick Deckard y el androide de Blade Runner (1982), el duelo, en el cine de Scott, abre una dimensión existencial donde los roles de cazador y presa se hacen intercambiables, y que llega a compenetrar al uno con el otro en una dependencia aislante, y, a la vez, indispensable para dotar de sentido a sus propias vidas.

En efecto, Roberts es un ciudadano desaliñado, infiel con su esposa, un desastre como padre de familia, vive  en medio del hampa, pero tiene la inteligencia y la determinación que solo tiene Lucas, su contrincante, un capo de la mafia enriquecido, pulcro, modélico hijo y esposo. Los dos, infiltrados en la sociedad, prefieren pasar inadvertidos y se enfrentan en secreto; al final, se identificarán en torno a un enemigo común, que proviene de los dos bandos: la mafia italiana y el corrupto cuerpo de policías. 

Gángster americano recoge el legado de modernos clásicos del género: el tratamiento  callejero de los códigos del hampa; un aire operático con reminiscencias de Coppola; un montaje acelerado que viene de Scorsese. Sin embargo, lo esencial del filme es casi invisible, y está presente de principio a fin a través de dos caminos opuestos (los de Washington y Crowe) que están destinados a encontrarse frente a frente. Pero también a través de esas atmósferas lluviosas, ominosas y recargadas de gente -tan propias de R.Scott- que enmarcan las cruzadas solitarias de los duelistas.(versión modificada del texto publicado en Somos, 02/02/2008)