domingo, 30 de octubre de 2011

Contagio (Contagion, 2011) de Steven Soderbergh


Ya han pasado dos décadas que Steven Soderbergh sorprendiera al mundo ganando la Palma de Oro de Cannes, en 1989, con su opera prima Sexo, mentiras y video. En los años siguientes, el cineasta de Louisiana se encargaría de despejar las dudas sobre su talento con títulos como El rey de la colina (King of The Hill, 1993), Solaris (2002), o Vengar la sangre (The Limey, 1999). Se podría decir que en su carrera combina cintas de bajo presupuesto y adscripción más moderna o experimental, como su primera película o The Girlfriend Experience (2009), y trabajos de género más accesibles, aunque no menos interesantes, como el que nos ocupa ahora.

Contagio está concebida como un thriller apocalíptico en base a la propagación mundial de un virus desconocido. Se siguen algunas coordenadas clásicas, como una narración que anuncia los días sucesivos al inicio de la escalada mortal, y, casi con frialdad clínica, describe el proceso de la pandemia. Lejos de proponer  suspenso sensacionalista e imágenes chocantes, Soderbergh prefiere sugerir y mostrar -sin verbalizar demasiado- los dramas íntimos: el de la doctora en jefe encargada del problema (Kate Winslet), el del esposo de la primera víctima (Matt Damon), el de un periodista rebelde (Jude Law), o el de una atribulada autoridad del Estado (Laurence Fishburne). Todos jugarán una parte, sin saber los giros inesperados de una cadena de hechos tan ineluctable como inesperada. Mientras la seguridad parece desvanecerse, la melancolía existencial invade los espíritus. Es interesante, también, el modo como funcionan los flash-backs, intermitentemente, reconstruyendo, de esa manera, el recorrido físico de un mal invisible, pero presente en todo momento.(Versión modificada del texto publicado en Somos 29/10/2011)