domingo, 11 de septiembre de 2011

Amador (2010) de Fernando León de Aranoa


Magaly Solier es Marcela, inmigrante que busca trabajo en España. Su futuro incierto, su posible embarazo, y su relación de pareja, son algunas interrogantes que parecen confundirla. Hasta que es contratada como “cuidadora” de Amador, anciano al que le queda poco tiempo de vida. Esta es la premisa argumental de la última película de León de Aranoa, cineasta abocado al mundo de las minorías y clases segregadas. Una línea de trabajo que le ha ganado tantos admiradores como detractores. Sin embargo, lejos de ser un producto retórico, literario, o panfletario, Amador es una cinta de visiones, observaciones, detalles visuales y sonoros. Todo en función a la  interioridad contenida de un personaje casi mudo -extraordinaria Magaly Solier- que va construyendo un mundo de interpretaciones y ansiosas elucubraciones sobre una realidad precaria y cambiante. Es interesante, también, cómo se va tejiendo una red de paradojas, ironías, y apuntes de humor que conviven con el dolor, en una cinta que se cuida bien de no exacerbar el morbo ni el sentimentalismo. Los pasos en falso quizá recaigan en algunos elementos simbolistas -el cielo, las nubes-, o en un lado reconfortante hacia el final, pero no cabe duda de que se trata de un relato de múltiples aristas psicológicas, y de un cine donde lo que se muestra y se sugiere convive a través de un personaje inolvidable. (En Somos, 12/09/2011)