domingo, 10 de abril de 2011

Pase libre (2011) de Peter y Bobby Farrelly


Como Luis Buñuel, los Farrelly suelen entrelazar las fantasías de sus personajes, motivadas por pulsiones incontrolables, con una “realidad” adversa desde un punto de vista práctico. En fin, suelen poner de manifiesto cómo el deseo, o los influjos emotivos, transforman cualquier realidad “objetiva” (recordemos, sino, cómo los sentimientos transforman la apariencia física de la novia de Jack Black en Amor Ciego, 2001). Y, como Jerry Lewis, celebran la torpeza de antihéroes que son, también, desadaptados, siempre en peligro de fracasar en sus propósitos, ya que no son capaces de seguir el juego de las reglas sociales.

Sin embargo, los Farrelly también comparten otro rasgo con Lewis. Aludiendo al desdoblamiento del protagonista de esa obra maestra que es El profesor chiflado (1963), el Rick (Owen Wilson) de Pase libre es un padre de familia que fantasea, junto con su amigo Fred (Jason Sudeikis), con una vida sexual libre de la supuesta represión que viven como hombres casados. Hasta que se presenta, para ambos, la oportunidad de tener el permiso de sus esposas y así tener un día de "libertad". Aunque una solo aparente, ya que la fantasía no tarda en revelarse como tal, frente a los objetivos demasiado conscientes de Rick y Fred. 

Más allá de su humor fresco y exquisitamente sucio, los Farrelly crean un nuevo tipo de héroe: los de personalidades múltiples, presos de sus pulsiones, sueños, y paranoias. Y en esta especie de delirante y escatológica “suprarrealidad” ponen de manifiesto, mejor que muchos cineastas “serios”, tanto el relativismo de las percepciones como la tiranía del inconsciente. (versión modificada del texto publicado en Somos 09/04/2011)