martes, 25 de septiembre de 2012

Toda una vida (Another Year, 2010) de Mike Leigh



Tom (Jim Broadbent) y Gerri (Ruth Sheen), es un matrimonio ya mayor, pero muy unido. El tiempo (el filme se divide en episodios cuyos títulos nombran las sucesivas estaciones) sigue su curso, y, así, se articula una narración en la que pareciera que nada importante ocurriera. Sin embargo, otros personajes, amigos y familiares, van incorporándose. Es el caso de la amiga de Gerri, Mary (extraordinaria Lesley Manville), secretaria que está perdiendo su juventud, y cuya crisis nerviosa cobrará un protagonismo inusitado. 

Mike Leigh es un heredero de Bergman, de Cassavetes, incluso de Dreyer. Su personaje más complejo, Mary, escenifica un tortuoso vía crucis en el que, dentro de las visitas diarias, pretende aferrarse a la estabilidad que no tiene. Sus torpes estrategias de enamorar al hijo de Tom y Gerri no son más que otro síntoma de su desequilibrio. La soledad es lo único que le queda, como sucede con Ken, amigo de Tom, absorbido por una espiral depresiva que no pretende ocultar. Lo interesante del filme radica no solo en el contraste de la pareja feliz y los adultos en problemas, o en el estudio del alma a partir de la auscultación de los gestos más sutiles del cuerpo y el rostro, sino en esa conflictiva relación de dependencia y correspondencia que termina logrando un piadosa armonía entre todos; una que, además, deja abierta la interrogante sobre Mary, la verdadera heroína de Leigh, sobre la que se posa la grandeza y el misterio del filme.(En: Somos 22/09/12)