domingo, 27 de mayo de 2012

Deseos culpables (Shame, 2011) de Steve McQueen


 

La cartelera local sigue su buena racha con este drama del británico Steve McQueen (Hunger, 2008), sobre un adicto al sexo que interpreta Michael Fassbender. Mientras sufre el asedio de su hermana (Carey Mulligan), quien tiene graves problemas de depresión y bipolaridad, el protagonista es uno de esos exitosos ejecutivos neoyorquinos que se debate entre llegar temprano al trabajo y soportar la angustia de esperar el próximo encuentro sexual. McQueen lo filma de cerca, tratando se exprimir al máximo la tensión y ansiedad que Fassbender destila con una naturalidad desarmante.

Tonos apagados y oscuros, muy pocos planos abiertos que dejen respirar al espectador, un estilo transparente que deja brillar los rostros de los actores, es todo lo que necesita McQueen para enfocar una compulsión y soledad que parecen no tener cura. De Mulligan, una cantante en ciernes de vida desbocada, se explota bien una cuota de fragilidad y desesperación, en contraste con esa apariencia de control y seguridad que  su  conspicuo hermano pretende exhibir en todo momento -unque lo logre cada vez menos. Lo interesante está en ese proceso de autodestrucción que es trabajado sin truculencia, sin verbalizaciones didácticas ni complacencias inverosímiles. Todo pasa por el cuerpo contrito de Fassbender, y por ese gran tour de force actoral que le ha sabido extraer McQueen. Los reparos son pocos: música solemne que subraya el dramatismo, algunos personajes que no son suficientemente desarrollados, pueden ser algunos. Pero el resultado deja ver a un cineasta sorprendente, con mucho por decir. (versión modificada del texto publicado en Somos, 19/05/12)