lunes, 28 de noviembre de 2011

Nicolás el travieso (Le petit Nicolas, 2009) de Laurent Tirard



Basándose en la serie de libros infantiles de los célebres René Goscinny y Jean Jaques Sempé, Laurent Tirard (más conocido por sus libros de entrevistas a cineastas reconocidos) da vida a un suburbio francés perdido en los años cuarenta o cincuenta, donde habita un niño cuya mayor afición consiste en disfrutar un mundo de travesuras y correrías al lado de sus excéntricos amigos de escuela.

Tirard apuesta por todo tipo de recursos de fotografía y cámara para crear imágenes coloridas, caricaturescas, sofisticadas, y, en cierto sentido, deudoras de ilustraciones de historieta. Se nota la influencia de una gama de directores afines a universos de fantasía: lo más epidérmico de los Coen, Burton, Fellini, sirve de influencia para una puesta en escena empecinada en llamar la atención sobre sí misma, y vaya que lo logra. Pero los costos son muchos: humoradas demasiado previsibles, gags que piden a gritos una mirada enternecida y la complacencia del espectador, personajes de pocos trazos. De alguna forma, se trata de un filme “chic” y de una elegancia gélida en su forma de presentar la sensibilidad francesa -podría decirse que en la senda de Amelie, aunque sin los logros, por pocoas que sean, de esta última-. Acá Nicolás, el personaje que debiera quedarse en nuestra memoria, es un niño de cartón piedra y sonrisa eterna cuyas travesuras son más vistosas que realmente problemáticas, y para quien es muy difícil conseguir alguna cuota de nostalgia, conflicto, o humor que resulte de verdad delirante o entrañable. (versión modificada del texto publicado en Somos 26/11/2011)