martes, 12 de junio de 2012

Blanca Nieves y el cazador (Snow White and the Huntsman, 2012) de Rupert Sanders



El género fantástico, de la mano de superhéroes urbanos y bosques encantados, ha cobrado, en la última década, una vitalidad extraordinaria -en gran medida, gracias a los avances en cuanto a la tecnología digital. Desde El señor de los anillos (2001), Hollywood no cesa de hurgar en todo tipo de metáforas sobre las apariencias del poder y la recuperación de un orden cósmico que se ha puesto en peligro. Era cuestión de tiempo, entonces, para resucitar fábulas centradas en tópicos sobrevalorados hoy en día, como la juventud y belleza eternas. Y en este caso, nos encontramos con una versión menos infantil y más adulta de Blanca Nieves. Por un lado, las dos actrices protagónicas son un acierto, sobre todo Charlize Theron, quien compone a una villana donde prima el carácter sobre la caricatura. En ella se revelan heridas profundas volcadas en venganza y  resentimiento, y, sobre todo, visos de seducción y horror que, por momentos, aportan una cualidad perversa inusual en este tipo de filmes. En ese sentido, los efectos especiales y la técnica digital son utilizados de forma precisa y en función a un espectáculo supeditado al drama. El problema está en que esta economía de medios no se aplica siempre, y la edición final abunda en cámaras lentas reiterativas y secuencias dilatadas innecesariamente. Aun así, se trata de un espectáculo con momentos de inspiración expresiva, lo que deja curiosidad por los futuros trabajos de Rupert Sanders, su director debutante, y por el futuro del género. (En Somos 09/06/2012)