lunes, 18 de junio de 2012

Un método peligroso (A Dangerous Method, 2011) de David Cronenberg



Desde los años en que hacía películas de bajo presupuesto –a través del horror que suscitaba el contagio de un virus o engendro mortal instalado en el organismo de los hombres–, Cronenberg no ha dejado de avanzar en sus estudios de las relaciones mente-cuerpo, conduciéndonos por vericuetos cada vez más sutiles y psicológicos, como es el caso de M. Butterfly, Crash, o Promesas del Este. La mutación, la dependencia, los lenguajes y rituales de los que se alimentan las formas de vida, son el tema, también, de Un método peligroso. Solo que, esta vez, cobra un protagonismo mayor el tema del “saber”. En este caso, el autoconocimiento que supone la relación con el célebre terapeuta Jung (Fassbender) parece dar buenos resultados a la Srta. Spielrein (Knightley), aquejada por una histeria brutal. Ella se convertirá en una destacada especialista, mientras la pasión entre ambos va en aumento. Pero, ¿cuál es el límite? 

El célebre Dr. Freud (Mortensen) completará un hipnótico triángulo de relaciones de poder, seducción, transformación y manipulación. Como es usual en Cronenberg, un punto crucial del filme está en esa exploración de fronteras que se transgreden como un ensayo, pero que tienen efectos definitivos, así los personajes no lo deseen conscientemente, o no lo aprueben moralmente. Extraordinarias actuaciones y un espectáculo secreto, casi hermético, donde las palabras y los mínimos gestos concentran, como nunca antes en el cine del autor, un asombroso poder de significación y revelación.(En Somos 16/06/12)