lunes, 16 de enero de 2012

Crimen en familia (All Good Things, 2010) de Andrew Jarecki


Andrew Jarecki, más conocido por Capturing The Friedmans (2003), debuta en la ficción con un filme interesante. Si en su laureado documental se trataba de auscultar la historia de una familia de clase media que termina metida en siniestros delitos sexuales, en Crimen de familia se trata ya no de dar cuenta de hechos a través de imágenes de archivo, sino de recrear, desde el artificio de la ficción, otra historia real: la de Robert Durst, hijo de una familia adinerada que, en los años ochenta, fue el principal sospechoso de un puñado de asesinatos, entre los que se cuenta el de su esposa desaparecida.

En el fondo, se trata de diseccionar el ocaso del sueño americano: el surgimiento de un romance idílico en los años setentas, en el campo y lejos de la ciudad; para, luego, mostrar el descenso a los infiernos. Lo interesante del filme está en la forma en que se siembran detalles que luego se desarrollan casi subrepticiamente, como la enfermedad mental sugerida del joven millonario (Ryan Gosling), el pasado ominoso de su madre, o las sombras que rodean el negocio familiar (Frank Langella). La película escapa de las rutinas del thriller para modelar relaciones que van mutando, para descubrir acontecimientos clave sin agotar el conocimiento de los personajes, y para no caricaturizar a un protagonista que no pudo escapar de su aciago destino -identificado con esa modernidad utilitaria, cínica y fría que representa el legado del padre. (versión modificada del texto publicado en Somos 14/01/2012)