miércoles, 19 de marzo de 2014

Balada de un hombre común (Inside Llewyn Davis, 2013) de Joel y Ethan Coen




Parcialmente basada en las memorias del desaparecido Dave Van Rock, Balada de un hombre común presenta a Llewyn Davis (Oscar Isaac), cantautor de música folk que trata de labrar una carrera en los barrios bohemios de Nueva York. Este punto de partida  es, también, una excusa para que los hermanos Coen nos sumerjan en una crónica llena de desconcierto, rabia, ternura y frustración.

Ya es conocida la facilidad con la que los Coen pueden crear atmósferas sugestivas. El humor, y el absurdo, conviven armónicamente en el camino de personajes frágiles, hasta algo inocentes, determinados a sobrevivir en un mundo kafkiano y algo siniestro. Es el caso de este joven artista que, ante el constante rechazo de los agentes y empresarios de la música, va perdiendo la esperanza. A esto se suma su también complicada relación con sus eventuales parejas y su propia familia. Con estos elementos, los Coen enhebran una narración pausada y elusiva, siembran el camino de su héroe con situaciones que parecen repetirse –y logran transmitir esa amenaza de de no escapatoria ante el fracaso–. Lejos de remarcar el dramatismo, este se destila como un perfume misterioso entre sus imágenes. El resultado es un filme sentido, contenido, lleno de personajes enigmáticos y fugaces –como el excéntrico y autodestructivo músico de jazz que interpreta John Goodman–. En fin, a esta Balada… le sobran méritos para ser una de las películas más bellas y trascendentes de los hermanos Coen, junto con Barton Fink, o Sin lugar para los débiles. (En: Somos, 15/03/14)