martes, 4 de febrero de 2014
viernes, 31 de enero de 2014
El hombre de hielo (The Iceman, 2012) de Ariel Vromen
Michael Shannon
es uno de los actores de carácter más interesantes surgidos en la última
década. Su estilo contenido, hermético y atormentado cobró especial notoriedad
en la cinta independiente Take Shelter
(2011). Sin embargo, también es requerido por la industria, y sin dudas es de
lo mejor en El hombre de acero (2013), nueva historia de Superman a cargo de Zack Snyder, y donde Sahnnon interpretaba al villano Zod. En El
hombre de hielo (2012), estrenada tardíamente en Lima, volvemos a
verlo en el cine dramático de
presupuesto más modesto, interpretando a un asesino a sueldo que nos hace recordar
al trastornado y paranoico hombre de familia de Take Shelter.
Este asesino es
Richard Kuklinski, un gángster que empezó a trabajar para la mafia italiana de
Nueva York en los años sesenta. Ariel Vromen decidió contar esta historia de la vida real,
centrándose, sobre todo, en la doble cara del antihéroe: padre ejemplar en su
vecindario y, a su vez, uno de los más prolíficos sicarios de de
EEUU. La apuesta del realizador es interesante en la medida en que tiene un
reparto bien escogido (Ray Liotta, Winona Ryder, Robert Davi), al que le saca
el máximo provecho. Con un estilo de raigambre más bien clásica, y una exigente fotografía de
tonos fríos y claroscuros intensos, observamos a un extraño ser humano que
trata de no mezclar esos dos mundos antagónicos que, a veces , están a punto de
tocarse. A pesar de un final algo abrupto y los problemas para resolver todas
las líneas narrativas del filme, El
hombre de hielo tiene momentos fascinantes, y más de una actuación memorable.
lunes, 16 de diciembre de 2013
Gravedad (Gravity, 2013) de Alfonso Cuarón
Mucho se ha dicho sobre esta película del mexicano Alfonso Cuarón,
quien ya sorprendía a la crítica
estadounidense con la sobrevalorada Y tu
mamá también (2001). Luego, Cuarón demostraría su talento con Niños del hombre (2006) y, ya con una
carrera internacional a cuestas, necesitó cerca de cinco años para realizar el
que se ha revelado como su filme más exitoso, además de costoso –cuenta con dos
de las estrellas más solicitadas de Hollywood: Sandra Bullock y George
Clooney–, sobre unos astronautas que tienen dificultades para cumplir su misión
–la reparación de un satélite en el espacio.
Lejos de crear efectos aparatosos, en Gravity,
la tecnología está al servicio del arte: se logra una especie de estilo
“transparente”, con tomas larguísimas que proporcionan un realismo limpio, de
experiencia “en tiempo real” y permanente flotación en el espacio. Pero, sobre
todo, el constante peligro de ser tragados por la oscuridad y el vacío. También
hay que destacar la dosificación de la luz y el suspenso, la música y el
silencio, que crean las atmósferas correctas para la experiencia de la
precariedad y el asombro. Lo que juega en contra, por otro lado, es el aspecto psicológico
que envuelve al personaje de Bullock, que involucra algunas “pruebas de
voluntad” y líneas del guión algo trilladas. Sin embargo, el lado menos
original del filme no llega a ensombrecer sus mejores momentos. Eso sí, Gravity está aún muy lejos de 2001, odisea del espacio, a la que
rinde un respetuoso homenaje. (En: Somos 16/11/13)
Capitán Phillips (Captain Phillips, 2013) de Paul Greengrass
Una nueva película del británico Paul Greengrass siempre es una buena
noticia. Luego de su incursión en la
saga del espía Bourne, y La ciudad de
las tormentas –sobre el conflicto de Irak–, el realizador británico vuelve
a conquistar a público y crítica con esta recreación de la historia real que
protagonizó el capitán de un buque de carga norteamericano en el Océano Índico,
al ser asediado por piratas africanos.
Greengrass utiliza pocos elementos y les saca el máximo provecho. No solo
estamos frente a un reparto estupendo –donde resalta el actor no profesional de
origen somalí Barkhad Abdi como el líder de los asaltantes del barco, mientras que Tom Hanks logra
una mezcla perfecta entre carácter y vulnerabilidad. La dirección y edición, por otra parte, no
pierde tiempo en instalarnos en la acción, una que está llena de detalles
dramáticos bastante inusuales en un filme de Hollywood. El director de Domingo sangriento se revela como el
cineasta con conciencia política que siempre fue, y permite conocer los
resortes estructurales que dan cuenta del accionar de los piratas. Lejos de
estereotipar, el filme humaniza a sus personajes, y permite conocer los
profundos abismos sociales y culturales que separan a los dos bandos. Llama la
atención, por último, el crecimiento a escala épica del incidente: esa
multiplicación progresiva de los planos de la acción –que, poco a poco, va
involucrando cada vez más gente, y que, como sucedía en los otros títulos del
autor, pone la historia en el límite del control y el descontrol, la vida y la
muerte, el crimen y la salvación. (En: Somos 07/12/13)
domingo, 10 de noviembre de 2013
El evangelio de la carne (2013) de Eduardo Mendoza
En la senda de películas latinoamericanas que
entrecruzan un puñado de destinos trágicos –muchos recordarán la mexicana Amores perros– llega esta película
nacional, estrenada en el Festival de Lima. Si bien tiene a su favor algunas
actuaciones destacadas, como las de Ismael Contreras, Lucho Cáceres, y Sebastián
Monteghirfo, el filme, proclive a sumar momentos de choque, no deja que sus
historias y personajes se desarrollen, de modo que puedan adquirir una
verdadera densidad dramática. La resolución de los relatos –entre los que se
mezcla a los barristas de fútbol, la procesión del Señor de los Milagros, y una
banda de falsificadores de dólares– es abrupta e inverosímil, y el caso más
notorio quizá sea el del policía encubierto que interpreta Giovanni Ciccia,
cuya tribulación amorosa carece de justificación y consistencia. Lo mejor es el
transportista arrepentido que encarna Ismael Contreras, su dolor y turbación
merecieron un protagonismo mayor. (En: Somos 02/11/2013)
Rocanrol 68 (2013) de Gonzalo Benavente
Llega a cartelera este largometraje nacional, sobre un grupo de
adolescentes de clase alta aficionados al rock, a fines de los sesenta. Con
poca fortuna, Jesús Alzamora, Sergio Gjurinovic, y Manuel Gold ensayan
un registro cómico “ingenuo”, proclive a disfuerzos y muecas que supuestamente
rinden homenaje al cine mudo y a una serie de películas clásicas. Sosteniéndose
a partir de estos sketches
excesivamente dilatados, más cansinas referencias a la cultura pop de la época,
y a falta de un buen guión, es poco lo que podían hacer las canciones de Los
Saicos o Traffic Sound. Junto a la banda sonora, lo que saca por momentos a la
película de su habitual estupor recae en la actuación de Mariananda Schempp,
quien interpreta a una vecina “hippie” con la frescura e inteligencia
suficiente como para llamar la atención del espectador. (En: Somos 09/11/2013)
El espacio entre las cosas (2013) de Raúl Del Busto
El filme se abre paso a través de imágenes
hipnóticas y de una voz que cuenta la historia de Glauber Maldonado, policía
anonadado por una realidad que observa, entre viaje y viaje, entre el sueño y
la vigilia. Pero, ¿quién es el que sigue hablando? ¿el cineasta o el policía?
¿Raúl del Busto, o Glauber Maldonado? Me temo que eso es lo de menos. Del Busto
nos coloca frente a un hombre que se inventa a través del personaje que crea,
pero, a la vez, nos pone frente a un personaje que termina convirtiéndose en el
autor del filme.
En esta película, las imágenes siempre dialogan
entre ellas, los espacios parecen desconectados, pero nosotros los conectamos
gracias a la voz en off. ¿Qué hay “entre” las cosas? Como sucede con otros
cineastas visionarios, lo que está entre las cosas es una conciencia, un
espíritu. Del Busto nos invita a rememorar las voces, imaginar, volver sobre visiones
anteriores que nos harán “leer” las nuevas, en una constante y fascinante
relectura del sentido. Sin embargo, no se piense que este es un filme “frío”. El espacio entre las cosas es también
la revelación de un país, de un continente, de un mundo que nos abandona a la
soledad, a un viaje bello y terrible a la vez. De las calles y la selva peruana,
a los cielos y aeropuertos del mundo, estamos ante un registro del dolor y el
éxtasis, la contrición y el delirio, el recogimiento y la liberación. (En Somos: 18/09/2013)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






