jueves, 23 de mayo de 2013

Múnich (Munich, 2005) de Steven Spielberg




Al igual que La lista de Schindler, esta película también se inspira en un hecho real: el  asesinato de once deportistas judíos por parte de terroristas palestinos durante las olimpiadas de Múnich en 1972. Esta vez el antihéroe es Avner (Eric Bana), joven contratado por el Estado israelí para liderar un escuadrón cuya misión es vengar a las víctimas de la tragedia. 

Spielberg cuenta el relato desde el punto de vista del bando que mejor conoce, pero a la vez está más allá de un vulgar maniqueísmo. Prueba de eso son los instantes a los que se enfrenta el protagonista cada vez que está a punto de victimar a alguien: este se detiene, como paralizado por la piedad, ante unos ciudadanos desarmados que le ofrecieron su simpatía ignorando que le estaban hablando a su verdugo.

Esa es una de las cuestiones "espirituales" que engrandecen al filme, más allá de sus espléndidas escenas de suspenso. Avner tiene que convencerse que ajusticiar a los asesinos de su gente es lo correcto. Él no mata por dinero, es un hombre que sacrifica la vida familiar por un fin trascendente.

Lo interesante es que, poco a poco, esa creencia se hace menos clara: a nuestro personaje le es difícil conciliar lo que ve con lo que piensa, sus acciones con un heroísmo que se va difuminando, y esto producirá una aflicción creciente que está muy bien refrendada por la actuación de Eric Bana.

De una manera muy sutil, Múnich muestra que la guerra terrorista entre estos dos pueblos es en realidad una espiral de venganza que se alimenta hasta el infinito, y que termina por desvirtuar todo sentido. Y como en toda epopeya moderna, el destino y la identidad dejan de estar en las manos del sujeto para provenir de poderes más oscuros, de un mecanismo siniestro: allí están esas magníficas escenas donde Avner conoce a "Papa" (Michel Lonsdale), enigmático personaje que le vende la información requerida, y que de alguna manera decidirá su suerte.

Se trata de un lento proceso donde vemos al protagonista sumergirse en un agujero negro que lo va destruyendo desde dentro, hasta que llega un punto en que la cinta adquiere dimensiones kafkianas: una vez revertida la venganza inicial, Avner se convierte en presa, y ni siquiera encuentra protección con las autoridades israelíes, que se lavan las manos; ahora tendrá que enfrentar su mórbida insignificancia, la inexistencia virtual a la que ha sido condenado y que, paradójicamente, lo divorciará para siempre de su tierra. 

Múnich también tiene deficiencias. El grupo de asesinos que acompaña al héroe es más blando de lo que debería ser; la supuesta amistad que establece la banda tampoco está bien atestiguada a lo largo de las tres horas, lo que resiente el lado emotivo que por momentos ensaya Spielberg. También puede discutirse el final, más cerca de la complacencia que de un desenlace real.

Sin embargo, esta sigue siendo una de las mejores películas del director de E.T., donde hay mucho que admirar: las atmósferas de pesadilla que consigue la fotografía –gracias a la densidad y espesor de la imagen- y una cámara panorámica que recorre el espacio a través de múltiples puntos de vista, lo que agudiza esa sensación de paranoia y de inestabilidad. Pero Múnich es mucho más, y muestra en qué medida Spielberg traza sus mejores pinceladas a través de miradas sutiles, personajes fascinantes, y situaciones llenas de misterio, donde ya no necesita de ningún efecto especial. (Versión modificada del texto publicado en Somos: 18/02/2006)

martes, 21 de mayo de 2013

Volver (2006) de Pedro Almodóvar


 Volver es la historia de una saga familiar donde solo sobreviven las mujeres. Raimunda (Penélope Cruz) vive con su hija adolescente (Yohana Cobo) y con un marido que acaba de perder su empleo. Sin embargo, el esposo también perderá protagonismo en lo que es, en el fondo, una historia de madres e hijas vinculadas por un pasado trágico.

El personaje de Raimunda está inspirado en Sofía Loren. Ella luce la cabellera negra y revuelta, los pechos exuberantes y la misma sensualidad “popular” que tenían las ragazzas del cine italiano de los cuarenta y cincuenta. Alrededor, revolotean otras mujeres: desde las entusiastas y humildes vecinas –entre ellas una prostituta algo obesa hasta la anciana tía Paula (Chus Lampreave) o Agustina (Blanca Portillo), una amiga de la familia que tiene cáncer.

El espectador descubrirá, como es usual en Almodóvar, cómo el destino vincula a estas mujeres humildes, enfermas, pero llenas de una gran necesidad de perdonar, de cuidarse las unas a las otras, cuando los hombres han desaparecido por completo. Es una comunidad de seres marginales y olvidados. Como el Benigno de Hable con ella, como el Ignacio de La mala educación, en Volver tenemos a Irene (Carmen Maura), la madre de Raimunda que el pueblo cree muerta hace muchos años. Ella es otro monstruo almodovariano signado por un pasado infame, lo que la condena a una vida penitente y ensombrecida.

Sin embargo, lo que distingue a Irene es su deseo de recuperar el amor de Raimunda. Irene ha regresado para reconciliarse con sus hijas, para contarse los secretos que las mantuvieron alejadas por tanto tiempo. Y esa reconquista se emprende jugando a las escondidas, con una mezcla de inocencia, travesura y picardía del que ya no tiene nada que perder. Es una mujer que tiene de lunática, de clown, de ridículo espantajo, de fantasma amistoso. Ella comparte un duelo con su hija y con su nieta, pero también la conciencia de un crimen inconfesable.

Otro protagonista es el viento, un viento omnipresente que despeina a Raimunda y que hecha a andar los modernos molinos eólicos que decoran las áridas tierras de La Mancha. El olvido, el paso del tiempo, el silbido amenazante de una ventisca que se lleva todo, anuncian la llegada de la muerte. Contra esa muerte sobreviene no solo el empuje radiante de Raimunda, su fuerte determinación, sino también la ternura avasalladora de Irene, la madre fantasma que regresa para pedir perdón y cuidar de este grupo de mujeres solitarias.

Además de regalarnos las antológicas actuaciones de Cruz y Maura, Volver es una obra maestra hecha de tomas fijas de formato ancho donde abundan los primeros planos, los colores cálidos, las sombras bien definidas y una tersura visual que ya se ha hecho marca de distinción de las últimas películas de Almodóvar. El resultado es un divertido concierto de afectos, de gags cómicos, de situaciones irrisorias y conmovedoras que ya no dependen de un gran despliegue de cámaras o de muchos números musicales. 

Volver no solo es un decantamiento fino del arte de Almodóvar; también es una muestra de un cine español y universal a la vez, hecho con una economía estilística que muy pocos realizadores pueden ostentar hoy en día. (En Somos: 25/11/06)

lunes, 20 de mayo de 2013

Alerta solar (Sunshine, 2007) de Danny Boyle


 


La tierra corre el peligro de morir ante el enfriamiento del Sol, que está condenado a apagarse para siempre. Un grupo de científicos, a bordo de la nave Ícaro II, pretende acercarse a la estrella moribunda. El objetivo es lanzarle una poderosa bomba capaz de reactivarla, y, así, salvar a la humanidad. Este es el punto de partida Alerta solar, del británico Danny Boyle.  

Los personajes de Boyle siempre son parte de grupos ensimismados que viven en un mundo sin esperanzas. Ya sean los junkies de Trainspotting o los astronautas de Alerta solar, todos se relacionan gracias a un pacto que les permite subsistir. Sin embargo, poco a poco, pierden el control. Pareciera que, en el universo de este director, la condición de sobrevivencia es la destrucción de los demás, siempre en medio de una realidad marchita o apocalíptica.

En este caso, la banda de prudentes astronautas de Alerta solar pareciera ser la más preparada para resistir a la locura, a la codicia. Y, quizá por eso, su  deterioro se hace más interesante, más dramático. Solo el físico Capa (Cillian Murphy) y la piloto Cassie (Rose Byrne) guardan el equilibrio uno de los aciertos del filme es haber establecido, entre ambos, una complicidad emocional subterránea, tácita, silenciosa, sin conducirla nunca por terrenos previsibles. 

Pero lo más interesante es el influjo que ejerce el Sol sobre los tripulantes. Antes fue el dinero (Millonarios), la droga (Trainspotting), el poder tiránico (Exterminio). Todos estos elementos eran fuente de vida, de sobrevivencia, de aparente "felicidad". Ahora, en un cosmos frío y oscuro, ese elemento es un Sol de efectos adictivos e insospechables. Nadie escapa a ese encantamiento, a ese deseo secreto que invade a los astronautas, ni siquiera Capa, ni siquiera el ejemplar capitán Kaneda (Hiroyuki Sanada). Este es el aspecto más original de la película, ya que Boyle no solo filma la luz, sino su fuerza, su belleza, su calidad hipnótica, que en este caso es tan vital como devastadora.

Es cierto que hay influencias cinematográficas claras: el computador Hal  y la navegación cadenciosa de la nave de 2001, Odisea del espacio de Kubrick; la visión del planeta espiritual en Solaris de Tarkosvski; la claustrofobia y el duelo en Alien de Ridley Scott; y hasta los secretos metafísicos de Apocalipsis ahora! de Francis Ford Coppola. Pero son referencias que hay que celebrar porque, lejos de imitar, Boyle usa creativamente, moldea para alcanzar sus propios fines. 

Algunos rasgos de estilo distintivos del autor son la distorsión de la imagen, el efecto de vértigo, la aparición fantástica. Solo que esta vez colaboran mejor entre sí, en una sofisticada poética de la luz y la oscuridad donde no hay nada de expresionismo y sí mucho de abstracción lírica.

A pesar de su dinámica de acción incesante, Alerta Solar es una película muy europea, moderna y original. Como en todo buen filme, lo que está detrás del esfuerzo físico de sus personajes es un avatar espiritual, esta vez agónico y sublime a la vez. Cillian Murphy, como el Martin Sheen de Apocalipsis ahora!, hace un viaje a través de lo más oscuro del alma humana. Pero, a diferencia de él, no deja de ser un místico redimido por una fuerza divina ya sea esta el Sol, una luz infinita o un mar de fuego. (Versión modificada del texto publicado en Somos 26/05/2007)

domingo, 19 de mayo de 2013

Iron Man 3 (2013) de Shane Black


Hollywood no debe ser sinónimo de falta de imaginación o entretenimiento publicitario. Este filme, junto con Los vengadores, puede verse como un fino ejercicio de género. A diferencia de las anteriores entregas, que por cierto no estaban mal, Iron man 3, sin dejar de aprovechar el carisma de Downey Jr., está lejos de echar sobre sus espaldas todo el funcionamiento de la película.

Prueba de ello es Guy Pearce como Aldrich Killian, convertido desde ya en uno de los mejores malhechores de películas de superhéroes. Este es un rival humanizado gracias al extraordinario prólogo que permite comprender los resortes psicológicos que lo vincularán al arrogante y encantador Stark. Y es que el director, Shane Black, no solo es el respetado artífice de Kiss Kiss, Bang, Bang (2005), sino, sobre todo, un experimentado guionista que conoce la importancia de la palabra y la construcción de la historia y sus personajes. Eso no significa, tampoco, que Iron man 3 sea una película pretenciosa. Al contrario, es una fantasía que, sin tomarse demasiado en serio, evita la sensiblería o el dramatismo ampuloso, para favorecer el humor, el espectáculo sofisticado, y, por qué no, la ironía política —véanse sino las apariciones del “Mandarín” (Kingsley), un curioso “malvado” que se burla de EEUU, de los montajes mediáticos, y de todos los clichés sobre el terrorismo de Oriente. En suma, esta puede ser la cinta más sólida de la serie, capaz de poner en riesgo a su superhéroe y no aburrirnos en el intento. (Somos, 04/05/13)