sábado, 28 de julio de 2012

Calle sin retorno (Street of No Return, 1989) de Samuel Fuller


El canto del cisne del director de Manos peligrosas (Pickup On South Street, 1953), para la pantalla grande, será este noir de producción francesa y textura profundamente americana. Es la adaptación de un libro de David Goodis, y se abre magníficamente con un una noche luminosa en los barrios bajos, cuando las pandillas están en guerra y la policía viene a contenerlos.

Como pocas veces, Fuller repleta su cinta de sombras, contraluces, figuras que aparecen de esquinas perdidas. Todas las calles y puertos de este filme parecieran extrañamente deshabitados, quizá en un paralelo con la mente perdida de Michael (Keith Carradine), estrella de la canción que extravía su rumbo, como por arte de magia, al verse prendado de Celia, una misteriosa mujer latina (Valentina Vargas) de la que se siente atraído gracias a un acto de baile en un bar de la ciudad.

Todos los temas del “universo Fuller” parecen darse cita en este cine “negro” que si bien es modélico, está lleno de detalles que lo hacen más libre, contemporáneo y extraño. De colores pálidos, no deja de sorprender por la senda endiablada que marca la existencia del héroe. Empezando por la estructura temporal, propia del género, marcadamente discontinua, cuyo inicio parte hacia el pasado para retomarse hacia la mitad. Todo va cobrando, así, la forma de una pesadilla, una que convierte a este hombre, por completo ajeno al mundo del crimen, en un desdichado al que le quitan su voz de un tajo en la garganta –por lo que se convierte en un observador puro, un espectro vagabundo–, que se termina arrastrando en búsqueda de la mujer que lo condenó.

Hay otros aciertos que dejan ver una posible senda futura de la obra de Fuller, que lo acercaría a cuotas de horror cercanas a un David Lynch por ejemplo (véase el carácter sórdido y patético de los hampones que controlan la vida de la musa latina, sobre todo la vieja histérica que no oculta su odio feroz hacia la misteriosa joven). Otro detalle interesante es la puesta al día en relación a la sensualidad y el erotismo que siempre latían en Fuller –ahí están los desnudos que protagoniza Vargas–. Y, finalmente, los apuntes poéticos, que acá se cuelgan de los videoclips musicales –puestos de moda en la década del ochenta, y que se conjugan con raptos alucinatorios–.

Pero Street of No return también da cuenta de una violencia seca, hacia el final, y de una sociedad siniestra hecha de regímenes disciplinarios que se entrevén con sus cárceles y persecuciones callejeras. Y en medio de esto, la vida “de éxito” y dinero se convierte en la del homeless, a partir de un hecho imprevisto y trágico jalonado por el deseo. Pero lo importante está en el trayecto posterior que viene con la indigencia, con el rostro lunático del que sobrevive sin ninguna posesión, aventado solitario en las aceras vacías, y, eso sí, con la certeza de querer salvar a la mujer que sigue apresada por el Mal, y que significó su perdición. (Publicado originalmente en la revista Godard! Nº 31, julio 2012)

El sorpredente hombre araña (The Amazing Spiderman, 2012) de Marc Webb



Un reto difícil: lograr que la exitosa saga de Sam Raimi, sobre el superhéroe de Marvel, no  termine sofocando un nuevo inicio. Felizmente, podemos decir que los temores se han desvanecido, y que se trata del mejor trabajo de Marc Webb  hasta la fecha. La elección de Andrew Garfield (a quien ya vimos en La red social), como Peter Parker, es un acierto, ya que aporta una fragilidad y expresividad que no hace extrañar el hieratismo de Tobey Maguire.

Esta vez se ha procurado un protagonista más tímido y torpe, más cerca de su hogar y los problemas de su dualidad, en un registro cálido y realista que hacer recordar las atmósferas del clásico Superman (1978) de Richard Donner. Eso, sumado a las lecciones aprendidas en cuanto a espectáculo high-tech, permite que la nueva propuesta se decante bien hacia una textura próxima y urbana en cuanto a fotografía y confección visual, ya lejos de esa estética que acentuaba el glamour retro y las superficies pasteles del cómic que Raimi había acuñado como marca distintiva de su saga. Otro acierto es el villano, muy bien interpretado por Rhys Ifans, personaje logrado y que hace empalidecer a lo conseguido por Emma Stone como la novia del héroe. El resultado, aunque lejos de brindar un aporte de consideración al género, reta con buen pulso a la trilogía precedente y permite augurar una serie, aunque ligera, por lo menos divertida y sofisticada. (versión modificada del texto publicado en Somos, 14/07/2012)

miércoles, 11 de julio de 2012

Godard! 31



Ya salió la nueva edición de la revista Godard! (número 31) con más de 100 páginas. Además de una amplia cobertura de la cartelera, en la sección críticas, se incluye la sección A Favor / En Contra con textos sobre El juego de la fortuna, El artista, y Los descendientes, además de dos críticas en la sección Two Shot sobre Prometeo de Ridley Scott.

El plato fuerte de este número recae en dos exhaustivos dossieres sobre dos grandes cineastas americanos : Richard Brooks y Samuel Fuller. En el centenario de sus nacimientos, se trata de revisiones a las obras completas -todas sus películas- de estos directores coetáneos pertenecientes a "la generación de la violencia" que tanto contribuyó a la transformación de Holywood a mediados del siglo XX.

También se incluye la sección Ránking sobre los mejores estrenos del 2011 en el mundo (diez textos sobre las más votadas, incluidas cintas de Von Trier, Ceylan, Tarr, Dardenne, Dumont, Coutinho), amplias coberturas a festivales (FIACID, BAFICI, Guadalajara), más homenajes a Ken Russell (con tres artículos que repasan su filmografía), Gene Kelly, y John Barry.


Sombras tenebrosas (Dark Shadows, 2012) de Tim Burton



Tim Burton vuelve con esta comedia basada en una serie de TV de fines los sesenta. Johnny Depp es Barnabas Collins, caballero del siglo XVIII que, luego de rechazar a una bruja (Eva Green), es hechizado por esta y se  convierte en un vampiro. Ya en el siglo XX, Barnabas se encontrará con una nueva familia Collins. Lo que él no espera, es que la hermosa Angelique Bouchard aún persista en su deseo de conquistarlo al precio que sea.

A pesar de ser un trabajo menor, Sombras tenebrosas no deja de destacar. Allí está esa fina sensibilidad romántica –gracias al amor no correspondido que sufre la efectiva villana que encarna Green–, aunada a altas dosis de ridiculez y ternura por parte de Barnabas (que recuerdan a semejantes héroes burtonianos como el mismo Ed Wood), o los apuntes de crueldad que aparecen alrededor del cálido bestiario que configura a la ascendencia de los Collins. Eso, sumado a un sofisticado e inconfundible imaginario visual, terminan por hacer la fiesta. Se puede reprochar el trazo apurado con que se diseña a personajes demasiado deudores de un desarrollo episódico, y que acá terminan sobrando (como el que hace Helena Bonham-Carter). Pero ese es un reparo menor en este caso. A pesar de sus virtudes como divertimento “de autor”, lo más importante es que se extraña mucho de la ambición y capacidad de renovación a las que nos tenía acostumbrados un cineasta como Tim Burton. (En Somos, 07/07/12)

jueves, 28 de junio de 2012

Prometeo (Prometheus, 2012) de Ridley Scott


Luego de más de treinta años, Prometeo recoge el imaginario de Alien para contar la historia de Elizabeth Shaw (Noomi Rapace), joven tripulante de un equipo de exploradores espaciales con la misión encontrar la clave del origen de la especie humana -supuestamente ligada a extrañas formas de vida que guarda un planeta desconocido. Los logros son múltiples: desde conseguir una heroína de antología, como el que interpreta Rapace (con la difícil tarea de hacer olvidar a la teniente Ripley de Sigourney Weaver), hasta articular, sin tropiezos, la fantasía futurista mezclada con intensas cuotas de horror y drama.

Sin afectar el tono, Scott rinde un sutil homenaje a David Lean y a Kubrick, se deja poseer por el asombro que generan paisajes abismales y criaturas monstruosas, y utiliza la tecnología como un pintor detallista usaría un lienzo y un pincel. A eso hay que sumar la serie de quimeras que surgen desde estos astronautas extraviados, y que recuerdan mucho a los personajes de Blade Runner: el  androide manipulador que interpreta Fassbender, el anciano milenario que controla la nave, los contagios y engendros mutantes que amenazan a los humanos. Todo eso siembra el espectáculo audiovisual con otro tipo de sutileza, una hecha de preguntas sobre la crueldad de la Naturaleza y las paradojas de la existencia. Y si algunos monólogos o diálogos hacen muy evidentes sus intenciones filosóficas, diremos que se trata de un reparo menor, y que no le arrebata a Prometeo su altísima jerarquía artística.(En: Somos 23/06/12)

lunes, 18 de junio de 2012

Un método peligroso (A Dangerous Method, 2011) de David Cronenberg



Desde los años en que hacía películas de bajo presupuesto –a través del horror que suscitaba el contagio de un virus o engendro mortal instalado en el organismo de los hombres–, Cronenberg no ha dejado de avanzar en sus estudios de las relaciones mente-cuerpo, conduciéndonos por vericuetos cada vez más sutiles y psicológicos, como es el caso de M. Butterfly, Crash, o Promesas del Este. La mutación, la dependencia, los lenguajes y rituales de los que se alimentan las formas de vida, son el tema, también, de Un método peligroso. Solo que, esta vez, cobra un protagonismo mayor el tema del “saber”. En este caso, el autoconocimiento que supone la relación con el célebre terapeuta Jung (Fassbender) parece dar buenos resultados a la Srta. Spielrein (Knightley), aquejada por una histeria brutal. Ella se convertirá en una destacada especialista, mientras la pasión entre ambos va en aumento. Pero, ¿cuál es el límite? 

El célebre Dr. Freud (Mortensen) completará un hipnótico triángulo de relaciones de poder, seducción, transformación y manipulación. Como es usual en Cronenberg, un punto crucial del filme está en esa exploración de fronteras que se transgreden como un ensayo, pero que tienen efectos definitivos, así los personajes no lo deseen conscientemente, o no lo aprueben moralmente. Extraordinarias actuaciones y un espectáculo secreto, casi hermético, donde las palabras y los mínimos gestos concentran, como nunca antes en el cine del autor, un asombroso poder de significación y revelación.(En Somos 16/06/12)

martes, 12 de junio de 2012

Blanca Nieves y el cazador (Snow White and the Huntsman, 2012) de Rupert Sanders



El género fantástico, de la mano de superhéroes urbanos y bosques encantados, ha cobrado, en la última década, una vitalidad extraordinaria -en gran medida, gracias a los avances en cuanto a la tecnología digital. Desde El señor de los anillos (2001), Hollywood no cesa de hurgar en todo tipo de metáforas sobre las apariencias del poder y la recuperación de un orden cósmico que se ha puesto en peligro. Era cuestión de tiempo, entonces, para resucitar fábulas centradas en tópicos sobrevalorados hoy en día, como la juventud y belleza eternas. Y en este caso, nos encontramos con una versión menos infantil y más adulta de Blanca Nieves. Por un lado, las dos actrices protagónicas son un acierto, sobre todo Charlize Theron, quien compone a una villana donde prima el carácter sobre la caricatura. En ella se revelan heridas profundas volcadas en venganza y  resentimiento, y, sobre todo, visos de seducción y horror que, por momentos, aportan una cualidad perversa inusual en este tipo de filmes. En ese sentido, los efectos especiales y la técnica digital son utilizados de forma precisa y en función a un espectáculo supeditado al drama. El problema está en que esta economía de medios no se aplica siempre, y la edición final abunda en cámaras lentas reiterativas y secuencias dilatadas innecesariamente. Aun así, se trata de un espectáculo con momentos de inspiración expresiva, lo que deja curiosidad por los futuros trabajos de Rupert Sanders, su director debutante, y por el futuro del género. (En Somos 09/06/2012)